miércoles, 3 de diciembre de 2014

Pierre Bourieu

Pierre Bourdieu

Pierre Bourdieu
Pierre Bourdieu.jpg
Retrato de Pierre Bourdieu
Nombre de nacimientoPierre-Félix Bourdieu
Nacimiento1 de agosto de 1930
Bandera de Francia DenguinPirineos Atlánticos - Francia
Defunción23 de enero de 2002 (71 años)
Bandera de Francia París - Francia
Nacionalidadfrancesa
Ocupaciónsociólogo
PeríodoSiglo XX
Lengua maternafrancés
MovimientosEstructuralismo genético
Constructivismo
Teoría crítica
(Denguin1 de agosto de 1930 – París23 de enero de 2002) fue uno de los más destacados representantes de la sociología de nuestro tiempo, el cual logra reflexionar sobre la sociedad, introduciendo y/o rescatando una batería conceptual e investigando de manera sistemática sobre lo que desde su ojo crítico a simple vista suele parecernos algo trivial, como parte de nuestra cotidianidad. Algunos conceptos claves de la teoría de Bourdieu son habitus, campo social, capital simbólico, instituciones...
Pierre Bourdieu al final de su vida se convirtió, por su compromiso público, en uno de los principales actores de la vida intelectual francesa. Su pensamiento ha ejercido una influencia considerable en la conciencia humana y social, especialmente en la sociología francesa después de la guerra. Bourdieu mismo caracterizó su modelo sociológico como "constructivismo estructuralista"; la problemática constructivista tiende a descifrar las realidades sociales como construcciones históricas cotidianas de actores colectivos e individuales que se sustraen del control de estos actores.1 Su sociología reveladora ha tenido muchos críticos que lo acusan de una visión particularmente determinista de lo social.
Su obra está dominada por un análisis sociológico de los mecanismos de reproducción de jerarquías sociales. Bourdieu hace hincapié en la importancia de la diversidad cultural y simbólica en esta reproducción y critica la primacía otorgada a los factores económicos en las ideas marxistas. Él quiere hacer hincapié, en que la capacidad de los agentes en posición dominante para imponer sus producciones culturales y simbólicas juega un papel esencial en la reproducción de las relaciones sociales de dominación. Lo que Pierre Bourdieu llama violencia simbólica , que él define como la capacidad de hacer caso omiso de la arbitrariedad de la producción simbólica, y por lo tanto para ser aceptado como legítimo, es de gran importancia en su análisis sociológico.
El mundo social en las sociedades modernas, para Bourdieu, aparece dividido en lo que él llama campos. Parece, en efecto, que la diferenciación de las actividades sociales condujo a la creación de "subespacios sociales", como el artístico o el campo político, que se especializan en el desempeño de una determinada actividad social. Estos campos tienen una autonomía relativa en la sociedad en su conjunto. Ellos son jerárquicos y una competencia dinámica proviene de las luchas sostenidas por los agentes sociales a ocupar las posiciones dominantes. Por lo tanto, como en el análisis marxista, Bourdieu hace hincapié en la importancia de la lucha y el conflicto en el funcionamiento de la sociedad. Pero para él, estos conflictos se llevan a cabo principalmente en distintos ámbitos sociales, enraizados en sus respectivas jerarquías, y se basan en la oposición entre los agentes dominantes y dominados. Para Bourdieu, el conflicto no se reduce únicamente a los conflictos entre las clases sociales en que se centra en el análisis marxista.
Pierre Bourdieu también ha desarrollado una "Teoría de acción", en torno al concepto de habitus, que ha ejercido gran influencia en las ciencias sociales. Esta teoría trata de demostrar que los agentes sociales desarrollan las estrategias, sobre la base de un pequeño número de disposiciones adquiridas por la socialización, el bien y el inconsciente, se adaptan a las necesidades del mundo social.
El trabajo de Bourdieu está ordenado en torno a una serie de conceptos rectores, entre otros: el habitus como principio de acción de los agentes, como el espacio de carreras de campo social y la violencia simbólica como mecanismo fundamental de la primera imposición de las relaciones de dominación.

Biografía
Estudios
Inicio de su carrera
Argelia, el paso a la Sociología
Científico y universitario
Escuela de Hautes Études
Jefe del centro de investigación
Colegio de Francia
Editor[editar]
Pensamiento
Conceptos básicos
Espacio social y prácticas sociales según Pierre Bourdieu.8
Habitus[editar]
Artículo principal: Habitus
Campo
Campo - dominante y dominado
  • La existencia de un capital común (conocimientos, habilidades, poder, etc.). Por tanto se produce:
  • La lucha por su apropiación. Las personas con un interés común se movilizan para lograr sus objetivos. Por eso:
  • Los campos son dinámicos, no estáticos. Producen:
  • Una jerarquización entre quienes detentan el capital y aquellos que aspiran a tenerlo.
Condicionamiento
Illusio
Capital
Poder
Arte y cultura
Pierre Bourdieu nació en 1930 en una aldea de Bearne, en los Pirineos Atlánticos. Su padre, era un campesino bearnés, obrero agrícola. Su madre era de una procedencia social similar, aunque de un linaje de los propietarios en Lasseube. Fue hijo único de la pareja.2
Pierre Bourdieu fue excelente estudiante del Louis-le-Grand, fue tenido en cuenta por uno de sus profesores, egresado de la Escuela Normal Superior de París, quien le aconsejó inscribirse en las clases preparatorias literarias en el mismo instituto en 1948. Fue admitido en la Escuela Normal Superior de la calle Ulm, 1951, fue llamado por sus compañeros por su segundo nombre, Félix, poco a poco recuperó a sus antiguos compañeros de la preparatoria como Jacques Derrida y Louis Marin. Si bien la escena filosófica francesa está dominada por la figura de Jean-Paul Sartre y el existencialismo, Bourdieu reaccionó muchos como de su generación de normalista, siendo estos últimos preferentemente orientada hacia el estudio de las "corrientes dominantes"3 en el campo filosófico: el polo de la historia de la filosofía cercana a la historia de la ciencia, representada por Marcial Gueroult y Jules Vuillemin, y la epistemología enseñada por Gaston Bachelard y Georges Canguilhem.
Pierre Bourdieu presentó en 1953, bajo la dirección de Henry Gouhier, una tesis sobre las Animadversiones de Leibniz. Además siguió el seminario de Éric Weil en la École Pratique des Hautes Études sobre la Filosofía del Derecho de Hegel. Profesor de Filosofía en 1954, se matriculó con Canguilhem para una tesis filosófica sobre la estructura temporal de la vida emocional, que abandonó en 1957 para dedicarse a los estudios sociológicos de la tierra.
Pierre Bourdieu, debió cumplir con el servicio militar. Después de negarse a recibir una formación como oficial de reserva de Cadetes, fue transferido primero a Versalles en el servicio de las fuerzas psicológicas. Sin embargo, encontraron en su poder un número censurado de L'Express sobre la cuestión argelina, por lo que perdió su puesto por razones disciplinarias y pronto se le embarcó con jóvenes reclutas hacia Argelia como parte de las fuerzas de pacificación, para prestar allí el servicio militar más completo, que duraba de dos a siete años. Debido a sus habilidades de escritura, se desempeñó en la administración de la Asamblea General de Residencia, bajo el mando de Robert Lacoste. Desde 1958 hasta 1960 continuó sus estudios en Argelia y se convirtió en un asistente en la Facultad de Letras Algelia
Este período en Argelia fue decisivo, ya que decidió su carrera de sociólogo.4 Abandonó "la magnitud de la filosofía insuficiente" y se dedicó a una serie de trabajos sobre laEtnología en Argelia, que lo llevaron a escribir varios libros. Sus primeras investigaciones le llevaron a las regiones de la Cabilia y Collo, bastiones nacionalistas donde la guerra había sido dolorosa. Su 'Sociología de Argelia es la síntesis de los conocimientos existentes sobre estos tres departamentos y se publicó en la colección ¿Qué sé yo? en el año1958.
Después de la independencia de Argelia, publicó en 1963, El Trabajo y los Trabajadores en Argelia, un estudio revelador sobre el trabajo asalariado y la formación del proletariado urbano en Argelia, en colaboración con Alain Darbel, Jean-Paul Rivet y Claude Seibel. En 1964 publicó El desarraigo. La crisis de la agricultura tradicional en Argelia, junto con su amigo argelino Abdelmalek Sayad, sobre la destrucción de la agricultura y la sociedad tradicional y la política de agrupar a la población seguida por el ejército francés. Después de su regreso a Francia, aprovechó, las vacaciones escolares para recoger nuevos datos sobre Argelia, urbana y rural en el momento.
Su trabajo etnológico sobre la Cabilia no se detuvo incluso después de haber dejado de ir allí, y continuó alimentar el trabajo antropológico de Pierre Bourdieu. Su principal obra sobre teoría de la acción Esquema de una teoría de la práctica (1972) y La lógica de la práctica (1980) nacieron de una reflexión antropológica sobre la sociedad cabila tradicional. Del mismo modo, su trabajo sobre las relaciones de género, Dominación masculina (1998) se basa en un análisis de los mecanismos de reproducción de la dominación masculina en la sociedad tradicional de la Cabilia.
En 1960 regresó a París para convertirse en asistente de Raymond Aron de la Universidad de París. Aron también lo hizo secretario del Centro de Sociología Europea, institución de investigación que fundó en 1959, desde el resto de las estructuras de la posguerra y con la financiación de la Fundación Ford.
El joven asistente de Raymond Aron consiguió un trabajo como profesor en la Universidad de Lille, que ocupó hasta 1964, sin dejar de intervenir en París como parte de cursos y seminarios. En Lille, se encontró de nuevo con Éric Weil y conoció al historiador Pierre Vidal-Naquet y especialmente al hermenéuta, filólogo clásico y germanista Jean Bollack [[5 ]] de quien se convirtió en un amigo leal.
En 1962, se casó con Marie-Claire Brizard, con quien tuvo tres hijos: Jerónimo, Emmanuel y Lauren. A mediados de 1960, se trasladó con su familia a Antony, un suburbio al sur de París. La familia se unió a la Béarn durante las vacaciones escolares. Pierre Bourdieu estaba interesado en el ciclista del Tour de Francia y los deportes de equipo como el tenis o el rugby.
En 1964, Bourdieu se unió a la Escuela Práctica de Altos Estudios, luego estudió en 1975 en la Escuela de Hautes en Ciencias Sociales (EHESS), esta última nacida de la pautonomía de un sector de la EHESS. El mismo año, comenzó su colaboración con Jean-Claude Passeron, que lo llevó a la publicación del libro Los Herederos, que fue un gran éxito y le ayudó a convertirse en un sociólogo famoso.
A partir de 1965, con la obra Un arte medio. Ensayos sobre los usos sociales de la fotografía, seguida en 1966 por El amor al arte, Pierre Bourdieu llevó a cabo una serie de estudios sobre las prácticas culturales, que ocuparon una parte esencial de su obra sociológica en la década siguiente y dieron lugar a la publicación en 1979 de Distinción: Una crítica social del juicio, que es su obra más conocida y la más importante en el campo sociológico, que se encuentra entre las diez obras sociológicas más importantes del mundo en el siglo XX en el clasificación establecida por el "Asociación Sociológica Internacional".6
Tras los acontecimientos de Mayo de 1968, rompió con su maestro Raymond Aron, el pensador liberal que desaprobó ese movimiento social. Fundó entonces el Centro de Sociología de la Educación y la Cultura, que se separó del Centro de Sociología Europea. El mismo año publicó con Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron, El Oficio de Sociólogo, con una selección de textos de autores sobre los métodos de la sociología.
En 1985, Pierre Bourdieu se convirtió en Director del Centro de Sociología Europea, que a partir de ahí se fusionó con el Centro de Sociología de Educación y Cultura. La preservación de la estructura de las misiones de ambas entidades estuvo dirigida por su alumno Remi Lenoir.
La aceptación de la obra de Pierre Bourdieu creció gradualmente en el centro de la sociología francesa. La década de 1970 vio el surgimiento de un reconocimiento anglosajón que luego se extendió a Alemania, a través de la obra de Joseph Jurt, tras más de una década.
Gracias al apoyo de André Miquel, se convirtió en profesor en el Colegio de Francia en 1981. Él fue el primer sociólogo en recibir la medalla de oro del CNRS en 1993. Podemos destacar la paradoja de un hombre que vivió continuamente en el margen de las instituciones académicas dominantes, comenzado un estudio crítico, por ejemplo, en Homo academicus.
Paralelamente en su carrera académica, Pierre Bourdieu, encabezó una importante empresa editorial, lo que le permitió extender totalmente sus ideas. En 1964, se convirtió en editor de la colección Le sens commun con Les Éditions de Minuit, hasta 1992, Pierre Bourdieu publicó la mayor parte de sus libros, así como las de los académicos influenciados por él, por lo tanto promover la difusión de su pensamiento. Bourdieu también publicó clásicos de las ciencias sociales (DurkheimMauss, etc.); o la filosofía (Ernst CassirerErwin Panofsky, etc.). La colección también reveló a los lectores franceses los principales sociólogos norteamericanos (las traducciones de Erving Goffman). Después de su paso por Seuil, fundó la colección Liber.
En 1975 crea, sobre todo con el apoyo de Fernand Braudel, la revista Actes de la recherche en sciences sociales, que dirigió hasta su muerte. Esta publicación es una exposición de su obra y la de sus estudiantes. Se diferencia de las tradicionales revistas académicas a través de la utilización de numerosas ilustraciones, su gran tamaño y su diseño.
En 1995, como resultado de los movimientos sociales y peticiones de noviembre a diciembre en Francia, fundó una editorial, Raisons d’agir (las razones para actuar), tanto activista comm académica, que publicó trabajos de jóvenes investigadores críticos del neoliberalismo.7
Su producción es muy extensa. Así, en 1970 aparece Fondements d’une théorie de la violence symbolique. Reproduction culturelle et reproduction sociale, escrita con Jean-Claude Passeron; tres años después, en 1976, Le système des grandes écoles et la reproduction de la classe dominante. Además, entre otras muchas obras, publica La distinction. Critique sociale du jugement (1979), Ce que parler veut dire. L'économie des échanges linguistiques (1982), Homo academicus (1984), La Noblesse d'état. Grandes écoles et esprit de corps (1989), Les règles de l'art. Genèse et structure du champ littéraire (1992), pero alcanza su mayor éxito con La misère du monde (1993), donde denuncia el sufrimiento social, que bebe en las fuentes marxistas y en el pensamiento de Michel Foucault, y traza, en una combinación de sociología y antropología social, la radiografía de la exclusión social, de los desheredados de la modernización, del progreso tecnológico y de la globalización.
El discurso de Bourdieu, que ya se había manifestado con matices críticos antes de mayo del 68, se acentúa en los últimos años de su vida con nuevas argumentaciones contra el neoliberalismo y en favor de la sociedad civil y del naciente Foro Social Mundial, participando cerca de los sindicatos, de las organizaciones no gubernamentales, de los emigrantes y de las asociaciones cívicas contra las posiciones neoliberales que nutrían el discurso de la sociedad llamada postmoderna. Bourdieu fue uno de los fundadores de la editorial Liber-Raisons d'agir, impulsora del movimiento Attac. Falleció, como consecuencia de un cáncer, en 2002. Según el diario parisino Le Monde, era el intelectual francés más citado en la prensa mundial de 1969.
Fue uno de los sociólogos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. Sus ideas son de gran relevancia tanto en teoría social como en sociología empírica, especialmente en la sociología de la cultura, de la educación y de los estilos de vida. Su teoría destaca por ser un intento de superar la dualidad tradicional en sociología entre las estructuras sociales y el objetivismo (fisicalismo), por un lado, frente a la acción social y el subjetivismo (hermenéutica), por otro lado. Para ello se dota de dos conceptos nuevos, el habitusy el campo así como reinventa uno ya establecido, el capital.
Por habitus entiende las formas de obrar, pensar y sentir que están originadas por la posición que una persona ocupa en la estructura social. En cuanto al campo, es el espacio social que se crea en torno a la valoración de hechos sociales tales como el arte, la ciencia, la religión, la política... Esos espacios están ocupados por agentes con distintos habitus, y con capitales distintos, que compiten tanto por los recursos materiales como simbólicos del campo. Estos capitales, aparte del capital económico, están formados por el capital cultural, el capital social, y por cualquier tipo de capital que sea percibido como "natural", forma ésta del capital que denomina capital simbólico. Los agentes, con el habitus que es propio dada su posición social, y con los recursos de que disponen, "juegan" en los distintos campos sociales, y en este juego contribuyen a reproducir y transformar la estructura social. La obra en la que presenta de forma más sistemática su teoría es El sentido práctico (publicada en castellano por la editorial Taurus).
En su trabajo empírico destaca especialmente toda su labor de crítica de la cultura, mostrando que la distinción cultural no es más que una forma encubierta de dominación, a la que denominó complicidad ontólogica entre el campo y el habitus. Esta crítica no le lleva al cinismo ante las manifestaciones de la alta cultura, sino a considerar que todos deberían tener igual acceso a la misma.
Su papel como intelectual cobró plena vigencia a partir de la segunda mitad de los 90 en Francia, siendo sus declaraciones objeto de viva polémica, por mantener posiciones muy críticas tanto con respecto a los medios de comunicación (véase "Sobre la televisión") como con respecto a la política en general. Propuso y fue fundador del parlamento de los escritores, una asociación pensada para dar a los intelectuales mayor autonomía sobre su trabajo, y de esta forma poder criticar y controlar al poder al margen de sus medios de difusión de la cultura.
*Sobre su teoría del campo literario, véase el apartado correspondiente en Sociocrítica
La teoría de Bourdieu está constituida por un conjunto de conceptos relacionados entre sí y que no se entienden sino en relación con otros. El punto de partida del análisis de lo social es el momento objetivista o de la indagación, en el cual nos abocamos a caracterizar las estructuras sociales externas, lo objetivo, lo social hecho cosa. El segundo momento del análisis será el subjetivista, la consideración de las estructuras sociales internas, subjetivas, olo social hecho cuerpo.
El habitus es la subjetividad socializada, es la generación de prácticas que están limitadas por las condiciones sociales que las soporta, es la forma en que las estructuras sociales se graban en nuestro cuerpo y nuestra mente, y forman las estructuras de nuestra subjetividad (Socialización). Aparentemente el habitus parece algo innato, aunque se forma de esquemas de percepción y valoración de una estructura social. Hace referencia a aquello que se ha adquirido y se incorpora en el cuerpo de forma duradera. De esta concepción Bourdieu intenta romper con el dualismo existente hasta el momento entre el fisicalismo objetivista sin sujeto y el subjetivismo fenomenológico sin estructura.
Es el punto en el que convergen la sociedad y el individuo, pues es una ola, que por un lado nos dice la manera a ser, o es la manera en la que uno ya ha asimilado -tal vez de manera inconsciente- sus patrones y la voluntad de uno propio y de querer, o no, modificar ese habitus. El producto de una empresa de aprendizaje que todos los campos sociales utilizan para ejercer control y apropiación.
El habitus de clase vendría siendo la posición del agente dentro de la estructura de una clase social, donde el individuo contribuye a su producción y reproducción de este mismo sistema de relaciones entre las clases. No es un simple estilo de vida que se deriva de pertenecer a una clase sino que implica la totalidad de nuestros actos y pensamientos, pues es la base con la cual tomamos determinadas decisiones. La base de todas nuestras acciones es el mismo habitus de clase. Es el pilar que conforma el mero conjunto de conductas y juicios aprendidos aunque pareciese que es lo “natural”, como lo llama Bourdieu, en nosotros: nuestros gestos, gustos, lenguaje, etc. Por ello las personas de determinadas clases sociales comparten los mismos gustos que aquellos que se encuentran en su mismo habitus social, estas afinidades electivas.
El campo es una red de relaciones objetivas entre posiciones objetivamente definidas –en su existencia y en las determinaciones que ellas imponen a sus ocupantes- por su situación (situs) actual y potencial en la estructura de las distribuciones de las especies de capital (o de poder) cuya posición impone la obtención de beneficios específicos puestos en juego en el campo y, a la vez, por su relación objetiva con las otras posiciones.
Los campos sociales son espacios de juego históricamente constituidos con sus instituciones específicas y sus leyes de funcionamiento propias.
El campo es base de:
Los campos son las distintas configuraciones de clases o relaciones sociales, donde se unen para relacionarse. Bourdieu lo explicaba como si fuera una red, donde las relaciones son necesarias. Estas relaciones con su respectiva razón de ser y también con su estatus social que los hace relacionarse de tal o cual manera.
Para situar a los individuos con más claridad en los campos, Bourdieu propone que situemos a los individuos en un mapa. Estas posiciones de los individuos funcionan con parejas de oposiciones, p, ej: pobre/rico, valiente/cobarde. Así podemos analizar las diferencias en los individuos, según el campo en el que se encuentren, con más facilidad.
Pareciera en primera instancia, que al estar en determinado campo y ya estando dentro de éste, nos comportamos de una manera específica, gracias al habitus, por lo que nos encontraríamos determinados. Pero él diría, que sólo estamos condicionados. Y es aquí por lo que hace la analogía del juego, este “juego social” y es que existen ciertas reglas y casillas por las que te puedes mover, según tu posicionamiento y la pieza que te toca jugar. Te limita estar en cierta posición pero, dentro de lo posible, cada uno es capaz de decidir su propio movimiento.
Bourdieu nos dice que competimos despiadadamente, incluso aunque no conozcamos las reglas ni las fronteras de nuestro juego. El hecho de estar en este juego y de jugarlo sin siquiera saber por que lo jugamos es la illusio, que es una mera ilusión de lo que son nuestras pautas de conducta como modelos únicos a seguir. Es la creencia en el juego por parte de las dos posiciones que se disputan un tema en particular.
Bourdieu a la hora de efectuar sus análisis sociológicos valora como capital no sólo el acumulable en forma de moneda, infraestructuras y bienes materiales intercambiables. Si sólo se considera capital al dinero, no pueden ser explicados los comportamientos aparentemente altruistas de los agentes que se mueven por el campo. Bourdieu incide en señalar que las prácticas de noble corazón se asientan también en una base interesada, crematística, económica, que permite al agente la acumulación de un capital que tiene que ser denominado de otra forma, y que es acumulado por el jugador de muchas maneras: como capital simbólico, en forma de honor, honradez, solvencia, competencia, generosidad, pundonor, entrega más allá de toda sospecha; como capital cultural interiorizado o incorporado, que es el que se adquiere en el seno de una familia (p. ej. de clase alta), o de una circunstancia concreta (una institución prestigiosa); como capital cultural objetivado, que es el visible en la acumulación de objetos extraordinarios, obras de arte que muestran el gusto distinguido del agente; como capital cultural institucionalizado, cuya forma más evidente la constituyen los títulos y diplomas; como capital social, conseguido a través de la red de relaciones que establece el agente por el campo. Todos esos capitales, son transformables en capital económico, y viceversa. Son capitales que manifiestan su efectividad bajo la condición del disimulo, del fingimiento en la creencia de su no cualidad económica.
Como todo buen juego, lo que hacemos es competir. Ahora, cada campo genera su capital. Cada agente trata de acrecentar sus capitales, usando las distintas estrategias de cada grupo que en cada campo se encuentra, para seguir incrementando su capital, es esto mismo lo que da pie a las jerarquías y a las revoluciones, generando estructuras para seguir con su capital, es decir con el poder.
Podemos ver, entonces, que cada campo trata de acrecentar su poder valiéndose de su capital y al tratar de salvaguardarlo se generan los conflictos. Así es como se va tejiendo esta relación entre las estructuras e historia, entre diacronía y sincronía. Sus comportamientos, como el motivo, se van conformando mutuamente. El poder aparece ya como un elemento de distracción que no podemos ignorar. Podríamos concluir que es aquella lucha que se genera tanto entre clases, individuos, ideologías, para conservar el mismo y acrecentar algún capital.
Bourdieu es considerado un sociólogo de la cultura, a este respecto analiza la cultura desde la perspectiva de los campos en donde establece que las clases se diferencian por su relación con la producción, por la propiedad de ciertos bienes, pero también por el aspecto simbólico del consumo. En este caso la clase hegemónica se perpetúa en el campo económico, pero se legitima en el campo cultural.
La estética más legitimada en nuestra cultura es la burguesa aunque también existe la estética de los sectores medio y la estética popular; sin embargo, las consideradas obras de arte no son más que un objeto que existe sólo en la creencia colectiva de quienes la reconocen como tal. El valor que se le atribuye a la obra de arte aumenta conforme se legitime en la estética burguesa y en el colectivo de artistas que aceptan dichas reglas de jerarquización.
Para compartir la disposición estética de las obras culturales se debe contar con un entrenamiento sensible de clase a las cuales se accede a través de las posiciones en el campo. Participar del goce de las obras de arte manifiesta una posición privilegiada en el espacio social. Las prácticas culturales burguesas tratan de simular que sus privilegios se justifican por algo más estético y noble que el capital, eso es la cultura.
Es por lo anterior por lo cual Bourdieu plantea que “El arte no existe”, lo que existe son diversos tipos de producciones legitimadas y aceptadas por los grupos hegemónicos políticos que tratan de salvar su posición en el campo por el gusto de la acumulación de estética.

Antonio Gramsci

Antonio Gramsci

Antonio Gramsci

Retrato de Gramsci de comienzos de los años 1920.

1924-1927
PredecesorAmadeo Bordiga
SucesorPalmiro Togliatti

Datos personales
Nacimiento22 de enero de 1891
CerdeñaItalia Flag of Italy (1861-1946).svg
Fallecimiento27 de abril de 1937 (46 años)
RomaItalia Flag of Italy (1861-1946).svg
PartidoPSIPCI
ProfesiónPeriodistaescritorfilósofo,pedagogopolítico
Antonio Gramsci (AlesCerdeña22 de enero de 1891 - Roma27 de abril de 1937) fue un filósofo, teóricomarxistapolítico y periodista italiano.

Biografía

Sus padres fueron Francesco Gramsci (1860-1937) y Giuseppina Marcias (1861-1932). Francesco era originario de Gaeta y estudiaba derecho, pero a causa de la pobreza de su familia debió buscar rápido un trabajo y partió para Cerdeña. En el año 1881 se empleó en la oficina de registro de Ghilarza (provincia de Oristán). Allí conoce a Peppina, que sólo había estudiado hasta tercero de primaria y se casan, a pesar de la oposición de los padres de ella. Durante este período nacieron sus hijos: Gennaro (1884), Grazietta (1887), Emma (1889) y el 22 de enero de 1891, en Ales, Antonio, bautizado el 29 de enero.
El año siguiente los Gramsci se mudaron a Sorgono (provincia de Nuoro), donde nacen sus hijos: Mario en 1893, Teresina en 1895 y Carlos en 1897. Arrestado el 9 de agostode 1898 con la acusación de peculadoconcusión y falsificación, Francesco Gramsci es condenado el 27 de octubre de 1900 a la pena mínima con la atenuante del “escasa cuantía”: 5 años, 8 meses y 22 días de cárcel, para expiar en Gaeta. Privados del sueldo del padre, son años de extrema miseria para los Gramsci. En ese entonces Antonio, a raíz de una caída cuando tenía tres años, sufre un traumatismo que le provoca una deformación de la columna y deja de crecer: su altura no superará el metro y medio. Según otra versión, la de la autopsia y los datos que dan en la "Casa-museo de Antonio Gramsci" en Ghilarza, suponía que estaba enfermo de tuberculosis osteoarticular, lo que impidió su crecimiento normal. Ese trastorno había afectado sus pulmones poco antes de su muerte.
El 31 de enero de 1904 Francesco termina de cumplir su condena y obtiene un empleo de escribano en la Oficina de Catastro. Es así que Antonio puede inscribirse en la escuela secundaria municipal de Santu Lussurgiu, a 18 kilómetros de Ghilarza, «una pequeña escuela en la cual tres presuntos profesores regañaban, con caras exageradamente sombrías, durante las cinco clases»[cita requerida]. Con esta preparación aventurada logra graduarse en Oristán y en el verano de 1908 se inscribe en el liceo Dettori de Cagliari, donde comparte una pensión junto con su hermano Gennaro, que trabaja en una fábrica de hielo.Antonio comienza a asistir a la escuela primaria a los siete años y la concluye en 1903 con el máximo de calificaciones. Sin embargo, las condiciones de la familia no le permiten inscribirse en la secundaria y da su pequeña contribución a la economía doméstica trabajando en la Oficina del Catastro por 9 liras al mes, el equivalente a un kilo de pan al día. Trabajaba diez horas por día removiendo «registros que pesaban más que yo y muchas noches lloraba a escondidas porque me dolía mucho el cuerpo».[cita requerida]
Al fin del segundo año del instituto pide a su profesor, director de la Unión Sarda, poder colaborar durante el verano en el periódico con breves correspondencias y el profesor lo acepta: el 20 de julio de 1910 recibe la credencial de periodista. El año siguiente se gradúa del liceo con ochos y un nueve en italiano.

Actividad periodística


En marzo de 1917 el zar de Rusia fue derribado y se instauró un gobierno liberal moderado; las noticias llegaban parciales y confusas, pero el 29 de abril Gramsci escribió que «la revolución rusa es [...] un acto proletario y naturalmente debe desembocar en un régimen socialista» y en mayo sostiene que Lenin «ha suscitado energías que jamás morirán. Él y sus compañeros bolcheviques están persuadidos que es posible en todo momento realizar el socialismo».Aquí muestra su intransigencia política, su ironía, hasta en contra de los socialistas reformistas, el fastidio hacia cada expresión retórica pero también su formación idealista, su deuda cultural respecto de Croce, mayor aún que a Marx «En aquel tiempo» - escribirá – «el concepto de unidad de teoría y práctica, de filosofía y política, no me resultaba claro y yo era por tendencia Crociano».

El 25 de agosto de 1917 Turín se alza espontáneamente contra la guerra y el hambre, la represión militar causa más de cincuenta muertos y centenares de heridos y la ciudad es declarada zona de guerra. Los dirigentes socialistas son arrestados en masa y la dirección de la Sección socialista queda a cargo de un comité de doce personas, del que forma parte Gramsci.
Los bolcheviques toman el poder en Rusia el 7 de noviembre pero durante semanas a Europa llegan solo noticias confusas, hasta que el 24 de noviembre la edición nacional del “Avanti!” publica una editorial con el título “La Revolución contra el capital”, firmado por Gramsci.
«La revolución de los bolcheviques es la revolución contra el Capital de Carlos Marx. El Capital [...] era la demostración crítica de la fatal necesidad de que en Rusia se formase una burguesía, se iniciase una era capitalista, se instaurase una ciudadanía de tipo occidental [...] Si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan de su pensamiento inmanente, vivificador [...] Viven el pensamiento marxista, aquel que no muere nunca [...] que en Marx se había contaminado de incrustaciones positivistas y naturalistas».
También en Italia las dificultades de la guerra y el eco de la Revolución Rusa llevan a sublevaciones espontáneas duramente reprimidas por el orden constituido; la revuelta por el pan de Turín, de septiembre de 1917, desencadena una dura reacción: 50 muertos y más de 200 heridos, declaraciones de Turín como zona de guerra y la consiguiente aplicación de la ley marcial, arrestos en cadena que golpean no solo a los que habían participado en el levantamiento, sino también a los elementos políticos de la oposición (y en especial a todo el núcleo de la fracción socialista) con la acusación de instigación a la revolución.
Después de los arrestos efectuados en Turín, Gramsci pasa a ser el único redactor de “El Grito del Pueblo”, que cesa de publicarse el 19 de octubre de 1918. Terminada la guerra, Gramsci trabaja únicamente en la edición piamontesa del Avanti! desde el 5 de diciembre; pero los jóvenes socialistas turineses, Gramsci, Tasca, Togliatti y Terracini intentan expresar, después de la revolución rusa, nuevas exigencias en la actividad política socialista, que no sienten representadas en la Dirección Nacional: «Queríamos hacer, hacer, hacer, nos sentíamos angustiados, sin una orientación, hastiados en la ardiente vida de aquellos meses después del armisticio, cuando parecía inmediato el cataclismo de la sociedad italiana». Colaboró en la revista La Città Futura.

L'Ordine Nuovo

Fundó junto a Angelo TascaPalmiro Togliatti y Umberto Terracini el diario L'Ordine Nuovo (reseña semanal de cultura socialista) en 1919 y La línea política de la revista, después de un camino incierto, se define adoptando posiciones netamente obreras. El primero de mayo de 1919 se publicó el primer número de Orden Nuevo con Gramsci como secretario de redacción y animador de la revista.

La revista y los obreros

Los obreros tuvieron predilección por el semanario porque «los artículos no eran frías arquitecturas intelectuales, sino que desobstruían nuestra discusión con los mejores obreros, creaban sentimientos, voluntad, pasiones reales de la clase obrera turinesa [...] eran casi una toma de conciencia de sucesos reales».

Los Consejos de Fábrica

Participó en el movimiento de los consejos de fábrica de Turín (1919-1920). De hecho, si la democracia burguesa tiene su punto de apoyo institucional en el Parlamento, la democracia proletaria asigna a los consejos de fábrica esta posición democrática necesaria para el nacimiento del nuevo orden. De aquí surgen las batallas por la introducción y la difusión de estos consejos, la proximidad con los sentimientos y las opiniones de los obreros, la crítica al partido socialista (partido para los proletarios, pero no del proletariado) completamente homologado a la lógica del poder burgués y por eso mismo incapaz de expresar una alternativa política real.

La Praxis

Gramsci apoyó la huelga de abril de 1920, la ocupación de las fábricas del septiembre siguiente y la frustrada huelga de abril de 1921. Además polemizó con la dirección del Partido Socialista, tanto contra los maximalistas como contra los reformistas. Indicó un programa que sacudió la explícita aprobación de Lenin al II Congreso de la III Internacional comunista, que había pedido la expulsión del partido de los reformista y de algunos maximalistas.

La Fundación del Partido Comunista de Italia (PCd'I)

La resolución de la Internacional comunista que pedía a los partidos socialistas el alejamiento de los reformistas y más en general de los gradualistas (los que pretendían la toma del poder político por la vía democrática electoral para efectuar las reformas sociales) fue desoída por el Partido Socialista Italiano. A pesar de la aprobación y el aval de Lenin a los ordinovisti en el II Congreso de la Internacional (organización a la cual el PSI había decidido adherirse en el congreso de Bolonia de octubre de 1919), los vértices del PSI estaban en manos de dirigentes formados en el viejo estado liberal, incapaces de comprender el momento crucial político-social de la posguerra.
La escisión tuvo lugar el 21 de enero de 1921, en el Teatro San Marco de Livorno, con el nacimiento del Partido Comunista de Italia(PCI), sección italiana de la Internacional. En el comité central entran dos ordinovistas, Gramsci y Terracini, mientras que el Ejecutivo está conformado por Amadeo BordigaBruno FortichiariLuigi RepossiRuggiero Grieco y Umberto Terracini Desde el primero de enero de 1921 Gramsci dirige “L’Ordine Nuovo”, que se había convertido en uno de los diarios comunistas junto a “Il Lavoratore” de Trieste e “Il Comunista” de Roma, este último dirigido por Togliatti. La línea del partido es dictada por Bordiga. Aunque Gramsci no compartía sus posiciones sectarias, no se enfrentó abiertamente con ellas. En la dirección del periódico mira con respeto las posiciones de los católicos de izquierda de la corriente de Guido Miglioli del Partido Popular, no tolera las tradicionales posiciones anticlericales del movimiento socialista, y confía al liberal Piero Gobetti la crítica teatral. No es electo diputado en las elecciones del 15 de mayo: no tiene capacidades oratorias, todavía es joven y tampoco su constitución física le gana el aprecio de muchos electores.En este sentido el fracaso de muchos obreros de agosto a septiembre de 1920 (no comprendido y por tanto duramente contrariado tanto por los dirigentes del Partido Socialista Italiano como por los dirigentes de la Confederación General del Trabajo), en este sentido el aislamiento de los ordinovistas del partido, y la escisión a la izquierda preparada en un congreso de facción en noviembre de 1920 en Imola.
Pesa, además, el abstencionismo bordiguiano que (en contraste con las mismas teorías leninistas de utilizar el parlamento poner al desnudo el carácter mistificador de las instituciones representativas). En nombre de una presunta pureza política no solo no quiere participar en la formación de la representación y la vida parlamentaria del estado burgués, sino que evita asumir responsabilidades operativas directas, relegando así al partido a un sustancial inmovilismo que desorienta a las masas.
Agotado el empuje revolucionario en los escenarios europeos, se plantea una reacción política para enfrentar lo que sería necesario: que los partidos socialistas y comunistas hagan un frente común. Pero Bordiga está en contra de todo acuerdo. También en contraste con la dirección de la Internacional, en el segundo congreso nacional comunista de Roma, en marzo de 1922, una vez más Gramsci, pese a discrepar privadamente, no se expresa contra las posiciones de la mayoría bordiguiana.
Al fin de mayo parte rumbo a Moscú, designado para representar al partido italiano en el ejecutivo de la Internacional comunista. Llega ya enfermo y en el verano se recupera en un sanatorio para enfermedades nerviosas de Moscú. Allí conoce a una paciente rusa, Eugenia Schucht, una violinista que había vivido algunos años en Italia y, a través de ella, a su hermana Julia (1894-1980), también ella violinista, que había permanecido varios años en Roma graduándose en el Liceo musical romano.
Julia, de 26 años, es bella, alta, tiene un aspecto romántico; Gramsci se enamora. Recordará el «primer día que [...] no me atrevía a entrar en tu habitación porque me habías intimidado [...] Al día que partiste a pie y yo te acompañé a pie hasta la gran calle a lo ancho del bosque y me quedé tanto tiempo detenido para verte alejarte sola, con tu carga de transeúnte, por la gran calle, hacía el mundo enorme y terrible [...] He pensado mucho en ti, que entraste en mi vida y me diste el amor y eso que siempre me había faltado y que me hacía malo y opaco».
Se casaron en 1923 y tendrían dos hijos, Delio el 5 de septiembre de 1924, y Juliano el 30 de agosto de 1926.
Ante el advenimiento al poder de Mussolini, la Internacional estableció que los comunistas italianos se unieran con la corriente socialista de los internacionalistas y ordenó la constitución de un nuevo ejecutivo, poniendo en minoría a Bordiga, todavía contrario a todo acuerdo. Pero, mientras tanto, en Italia, febrero de 1923 fueron detenidos tanto Bordiga como los representantes del nuevo ejecutivo. Gramsci quedó así como el máximo dirigente del partido y en noviembre se transladó a Viena para seguir más de cerca la situación italiana.

Diputado al Parlamento

Gramsci fue electo diputado en las elecciones del 6 de abril y pudo volver a entrar en Roma, protegido de la inmunidad parlamentaria, el 12 de mayo de 1924. El mismo mes, en los alrededores de Como, se realiza una convención ilegal de los dirigentes de las federaciones comunistas italianas: los delegados se fingen dependientes de una empresa milanesa turística en excursión. Con todos los discursos públicos fascistas e himnos a Mussolini, discuten la táctica del partido. La línea de Bordiga, aunque excluido del Ejecutivo, resulta todavía mayoritaria.
El 10 de junio un grupo fascista secuestra y mata al diputado socialista Giacomo Matteotti. Parece que el fascismo está por derrumbarse por la indignación moral que entonces atraviesa el país, pero no es así; la oposición parlamentaria opta por la línea estéril de abandonar el Parlamento: los liberales esperan un apoyo de la Corona, que no llega; los católicos son hostiles tanto a los fascista como a los socialistas y éstos últimos son hostiles a todos, comunistas incluidos; la oposición del Aventino, según Gramsci, no tiene voluntad de actuar: tiene un «miedo increíble de que nosotros tomemos el control y por lo tanto maniobra para obligarnos a abandonar la reunión».
A pesar de las divisiones de la oposición antifascista, Gramsci creía que la caída del régimen era inminente: el fascismo «ha logrado constituir una organización de masa de la pequeña burguesía. Es la primera vez en la historia que esto se verifica. La originalidad del fascismo consiste en haber encontrado la forma adecuada de organización para una clase social que siempre ha sido incapaz de tener una buena relación y una ideología adecuada» Pero, según él, «las clases medias que habían puesto en el fascismo todas sus esperanzas fueron arrolladas [...] El Partido fascista nunca logrará convertirse en un partido normal de gobierno. Mussolini solo tiene del estadista y del dictador algunas pintorescas poses exteriores; él no es un elemento de la vida nacional, es un fenómeno del folclore campesino destinado a pasar a la historia en la categoría de las diversas máscaras provinciales italianas y no en la de los Cromwell, los Bolívar, los Garibaldi».
Se engañaba, porque la inercia de la oposición no fue capaz de dar alternativas a aquel bloque social y los fascistas retomaron valor y sobre todo la violencia de los squadristi; en uno de los incontables actos de violencia fue agredido incluso Gobetti: Cuando, el 13 de septiembre, el militante comunista Giovanni Corvi, para vengar la muerte de Matteotti, mató en un tren al diputado fascista Armando Casalini, la represión se agudizó.
El 20 de octubre Gramsci propone vanamente que la oposición aventiniana se constituya en Antiparlamento. El 26 parte para Cerdeña para intervenir en el congreso regional del partido y para volver a ver a sus familiares. El 6 de noviembre se despide de su madre, sin saber que jamás la volvería a ver.
El 12 de noviembre de 1924 el diputado comunista Luigi Repossi vuelve a entrar en el Parlamento, donde se sientan solo los diputados fascistas y sus aliados, para conmemorar a Matteotti, y el 26 vuelve a entrar todo el grupo parlamentario comunista
El 27 de diciembre de 1924 el cotidiano Il Mondo publica las declaraciones de Cesare Rossi, ya jefe del servicio de prensa de Mussolini, a propósito del asesinato de Matteotti: «Todo cuanto ha sucedido ha ocurrido siempre por la voluntad directa o con la aprobación o la complicidad del Duce» y el 3 de enero de 1925 Mussolini, en un discurso que se hizo famoso, declara en la Cámara que asume «la responsabilidad política, moral, histórica de todo lo ocurrido», desatando una nueva oleada represiva.
De febrero a abril de 1925 Gramsci se encuentra en Moscú para conocer finalmente a su hijo Delio y volver a encontrarse con su esposa. El 16 de mayo, en Italia, realiza su primer –y único- discurso en el parlamento, ante su ex compañero de partido Mussolini. A pretexto de reprimir la Masonería, el gobierno había elaborado un proyecto de ley para disciplinar las actividades de las asociaciones, entes e institutos. Según Gramsci, «con esta ley ustedes esperan impedir el desarrollo de grandes organizaciones obreras y campesinas [...] Ustedes pueden conquistar al estado, pueden modificar los códigos, pueden tratar de impedir que las organizaciones existan en la forma en que han existido hasta ahora, pero no podrán prevalecer sobre las condiciones objetivas con que están forzados a moverse. Ustedes no harán otra cosa que obligar al proletariado a buscar un camino diferente [...] Las fuerzas revolucionarias italianas no se dejaran aplastar; vuestro turbio sueño no llegará a realizarse».

El arresto, el proceso y la cárcel

Escribe una carta al comité central del partido bolchevique en el cual, después de la muerte de Lenin, inició una lucha entre las diversas corrientes: «hoy ustedes están destruyendo vuestra propia obra y corren el riesgo de anular la función dirigente que el partido comunista de la URSS había conquistado [...] vuestros deberes rusos pueden y deben ser llevados a cabo sólo en el cuadro de los intereses del proletariado internacional». Pero Togliatti, delegado del PCI en Moscú, prefiere no entregar la carta. Esto creo un conflicto entre Gramsci y Togliatti que nunca se resolvió en su totalidad.
El 31 de octubre de 1926 Mussolini sufre en Bolonia un atentado sin consecuencias personales, que es utilizado como pretexto para eliminar los últimos residuos de democracia: el 5 de noviembre el gobierno disuelve los partidos políticos de oposición y suprime la libertad de prensa. El 8 de noviembre, en violación de la inmunidad parlamentaria, Gramsci es arrestado en su casa y encerrado en la cárcel de Regina Coeli. Después de un periodo confinamiento en Ustica, el 7 de febrero de 1927 es encerrado en la cárcel milanesa San Vittore.
El proceso a veintidós imputados comunistas, entre los cuales incluían a Umberto Terracini, Mauro Scoccimarro, Giovanni Roveda y Ezio Riboldi, inicia en Roma el 28 de mayo de 1928; el presidente del Tribunal Especial Fascista, instituido el 7 de febrero de 1927, es el general Alessandro Saporiti y tiene por jurados cinco cónsules de la milicia fascista. Gramsci es acusado de actividad conspirativa, instigación a la guerra civil, apología del delito e incitación al odio de clase.
El ministerio público Michele Isgrò, en conclusión de su requisitoria, declara que «por veinte años debemos impedir a este cerebro funcionar» y de hecho Gramsci, el 4 de junio, es condenado a veinte años, cuatro meses y cinco días de reclusión; el 19 de julio alcanza la cárcel de Turi, en la provincia de Bari. El mismo médico de la cárcel de Turi llegó a decir a Gramsci que su misión como médico fascista no era mantenerlo con vida.
El 8 de febrero de 1929 obtiene finalmente lo necesario para escribir e inicia la escritura de sus Quaderni del carcere. Desde 1931 Gramsci sufre una grave enfermedad, el mal de Pott, además de principios de tuberculosis y de arteriosclerosis, por todo esto puede obtener una celda individual, trata de reaccionar a la detención estudiando y elaborando sus propias reflexiones políticas, filosóficas e históricas, sin embargo las condiciones de salud empeoran y en agosto Gramsci tiene una imprevista y grave hemorragia.
El 25 de octubre de 1934 es acogida por Mussolini la petición de libertad condicional pero no es libre de moverse, en tanto que se le impide ir a curarse a otro lugar ya que el gobierno temía una fuga; solo el 24 de agosto de 1935 puede ser transferido en la clínica “Quisisana” de Roma. Está en graves condiciones: además del morbo de Pott, la tisis y la arteriosclerosis, sufre de hipertensión y de gota.El 30 de diciembre de 1932 muere su madre y los familiares prefieren no informarle. El 7 de marzo de 1933 tiene una segunda crisis grave, con alucinaciones y delirios: en París se constituye un comité, del cual forman parte, ente otros, Romain Rolland y Henri Barbusse, para obtener su liberación junto con la de otros detenidos políticos, pero sólo hasta el 19 de noviembre Gramsci es transferido a la enfermería de la cárcel de Civitavecchia y el 7 de diciembre a la clínica del doctor Cusumano en Formia, vigilado tanto desde la recámara como desde el exterior.

Fallecimiento

El 21 de abril de 1937 Gramsci adquiere la plena libertad pero está ya gravísimo en el hospital: muere al alba del 27 de abril, con apenas cuarenta y seis años, de hemorragia cerebral. Según afirma un oficial de la Santa Sede, antes de morir se convirtió al catolicismo y en el lecho de muerte pidió los sacramentos.1 Este oficial de la Curia Romana cita el testimonio de una monja que prestaba sus servicios en el hospital en que Gramsci murió. Al parecer -según su versión- también pidió que le trajeran una imagen del Niño Jesús y la besó conmovido.2 El presidente de la Fundación Instituto Gramsci afirma que no hay ningún documento que acredite este hecho. Y Carlo Gramsci, hermano de Antonio, tiene una versión distinta a la del oficial de la Curia. Afirma que estaba presente en su muerte y relata: «Tras el último intento por parte de las monjas para que se convirtiera, reaccionó girándose hacia el muro» [cita requerida]. Incinerado, al día siguiente se efectúan los funerales, a los cuales participan sólo el hermano Carlos y la cuñada Tatiana: las cenizas fueron inhumadas en el Cementerio de Verano y de aquí transferidas al Cementerio no católico (Cimitero acattolico) de Roma.

Obras

Los 32 Cuadernos de cárcel, de complejas 2.848 páginas, no fueron destinadas para ser publicadas, contienen reflexiones y apuntes elaborados durante su reclusión, iniciados el 8 de febrero de 1929, fueron definitivamente interrumpidas en agosto de 1935 a causa de la gravedad de su salud. Fueron enumerados, sin tener en cuenta su cronología, por su cuñada Tatiana Schucht que, junto con Piero Sraffa, logró sustraerlos de las inspecciones policíacas y entregarlas al banquero Raffaele Mattioli, secreto financiador de las redacciones de Gramsci, el cual las confió en Moscú a Palmiro Togliatti y a los otros dirigentes comunistas italianos.
Después del final de la guerra los Cuadernos, revisados por Felice Platone, fueron publicados por la casa editora Einaudi – unidas a sus Cartas de cárcel remitidas a los familiares – en seis volúmenes, ordenados por argumentos homogéneos, con los títulos:
  • El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce (1948)
  • Los intelectuales y la organización de la cultura (1949)
  • Il Risorgimento (1949)
  • Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno (1949)
  • Literatura y vida nacional (1950)
  • Pasado y Presente (1951)
En 1975 los Cuadernos fueron publicados (en su original italiano) con edición de Valentino Gerratana según el orden cronológico de su elaboración. Fueron recogidos en volumen también todos los artículos escritos por Gramsci en el Avanti!, en el Grido del popolo y en el Ordine nuovo. (En idioma español esta edición crítica de Valentino Gerratana recién fue terminada de publicar en México en el año 2000).
En 2010, Ediciones Godot publicó Las maniobras del Vaticano, una recopilación de sus notas dedicadas exclusivamente a estudiar la relación entre Iglesia y Estado e Iglesia y Occidente, y su injerencia en la economía, la cultura y la política de la sociedad.
En 2013, recopilados por Diego Bentivegna, se publica una recopilación de sus "Escritos sobre el lenguaje" (Buenos Aires: Eduntref), una preocupación constante en su obra desde sus tiempos de estudiante y discípulo avanzado de Matteo Bartoli en Turín.

Contribuciones

En prisión escribió 30 libretas de historia y análisis conocidos como Los cuadernos de la cárcel (Quaderni del carcere), que incluyen su recuento de la historia italiana y el nacionalismo, así como ideas sobre teoría marxista, teoría educativa y de crítica.

Hegemonía / bloque histórico

Se le conoce principalmente por la elaboración del concepto de hegemonía y bloque hegemónico, así como por el énfasis que puso en el estudio de los aspectos culturales de la sociedad (la llamada "superestructura", en la metáfora de Marx) como elemento desde el cual se podía realizar una acción política y como una de las formas de crear y reproducir la hegemonía.
Conocido en algunos espacios como el "marxista de las superestructuras", Gramsci atribuyó un papel central a los conceptos de infraestructura (base real de la sociedad, que incluye: fuerzas de producción y relaciones sociales de producción)/ superestructura ("ideología", constituida por las instituciones, sistemas de ideas, doctrinas y creencias de una sociedad), a partir del concepto de "bloque hegemónico".
Según ese concepto, el poder de las clases dominantes sobre el proletariado y todas las clases sometidas en el modo de producción capitalista, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, pues si así lo fuera dicho poder sería relativamente fácil de derrocar (bastaría oponerle una fuerza armada equivalente o superior que trabajara para el proletariado); dicho poder está dado fundamentalmente por la "hegemonía" cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. A través de estos medios, las clases dominantes "educan" a los dominados para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Así, por ejemplo, en nombre de la "nación" o de la "patria", las clases dominantes generan en el pueblo el sentimiento de identidad con aquellas, de unión sagrada con los explotadores, en contra de un enemigo exterior y en favor de un supuesto "destino nacional". Se conforma así un "bloque hegemónico" que amalgama a todas las clases sociales en torno a un proyecto burgués.
La hegemonía es el concepto que permite comprender el desarrollo de la historia italiana y del Resurgimento particularmente, que habría podido asumir un carácter revolucionario si hubiese adquirido el apoyo de vastas masas populares, en particular de los campesinos, que constituían la mayoría de la población. El límite de la revolución burguesa en Italia consistió en no ser guiada por un partido jacobino, como en Francia, donde el campesinado, apoyando la revolución, fue decisivo para la derrota de las fuerzas de la reacción aristocrática.
El partido político más avanzado fue el Partido de Acción, el partido de Manzini y Garibaldi, que no tuvo sin embargo la capacidad de plantear el problema de la alianza de las fuerzas burguesas progresistas con el campesinado: Garibaldi en Sicilia distribuyó las tierras a los campesinos, pero “los movimientos de insurrección de los campesinos contra los barones fueron despiadadamente aplastados y fue creada la guardia nacional anticampesina.
Si el Partido de Acción fue un elemento progresista en las luchas del Risorgimento, no representó la fuerza dirigente, porque fue guiado por los moderados, tanto que los cavourianos supieron meterse a la cabeza de la revolución burguesa, absorbiendo tanto a los radicales como a sus adversarios. Esto sucede porque los moderados cavourianos tuvieron una relación orgánica con sus intelectuales, como con sus políticos, terratenientes y dirigentes industriales. Las masas populares fueron pasivas en la realización del compromiso entre los capitalistas del norte y los latifundistas del sur.
La supremacía de un grupo social se manifiesta en dos modos, como dominio y como dirección intelectual y moral. Un grupo social es dominante de los grupos adversarios que tiende a liquidar o a someter hasta con la fuerza armada y es dirigente de grupos afines y aleados. Un grupo social puede y debe ser dirigente desde antes de conquistar el poder gubernamental (ésta es una de las condiciones principales para la misma conquista del poder); después, cuando ejercita el poder… se vuelve dominante pero debe continuar siendo dirigente.
La función de Piamonte en el proceso del Risorgimento fue aquella de clase dirigente, aunque existían en Italia núcleos de clase dirigente favorables a la unificación, “estos núcleos no querían dirigir nada, o sea no querían acordar sus intereses y aspiraciones con los intereses y aspiraciones de otros grupos. Querían dominar, no dirigir y todavía: querían que sus intereses dominaran, no sus propias personas, es decir, querían que una fuerza nueva, independiente de todo compromiso y condición, se volviese árbitra de la Nación: esta fuerza fue Piamonte”, que tuvo una función comparable a la de un partido.
“Este hecho es de la máxima importancia para el concepto de revolución pasiva, pues no fue un grupo social el dirigente de otros grupos, sino un estado, sea pues limitado como potencia, sea el dirigente del grupo que debería ser dirigente y pueda poner a disposición de éste un ejército y una fuerza político-diplomática… Es uno de los casos en los cuales se tiene la función de dominio y no de dirigencia de estos grupos, dictadura sin hegemonía...[cita requerida]

Las Clases subalternas

La crisis de la hegemonía se manifiesta cuando, aun manteniendo el propio dominio, las clases sociales políticamente dominantes dejan de ser dirigentes de todas las clases sociales, es decir no logran resolver los problemas de toda la colectividad e imponer a toda la sociedad la propia compleja concepción del mundo. La clase social subalterna, si logra aportar soluciones concretas a los problemas irresolutos, convierte en la clase dirigente e, incrementando su propia cosmovisión también a otros estratos sociales, crea un nuevo bloque social, volviéndose hegemónico. El momento revolucionario aparece inicialmente, según Gramsci, a nivel de superestructura, en sentido marxista, es decir, político, cultural, ideal, moral, pero traspasa a la sociedad en su complejidad, embistiendo hasta su estructura económica, o sea embistiendo a todo el bloque histórico, término que para Gramsci indica el conglomerado de la estructura y de la superestructura, las relaciones sociales de producción y sus reflejos ideológicos.En Gramsci la hegemonía es el ejercicio de las funciones de dirección intelectual y moral unida a aquella del dominio del poder político. El problema para Gramsci está en comprender cómo puede el proletariado o en general una clase dominada, subalterna, volverse clase dirigente y ejercitar el poder político, o convertirse en una clase hegemónica.
En Italia, la clase dominantes es y ha sido parcial: entre las fuerzas que contribuyen a la conservación del bloque social están la Iglesia católica, que se bate para mantener la unión doctrinal en modo de evitar entre los fieles fracturas irremediables que sin embargo existen y que aquélla no está en grado de subsanar, pero solo de controlar: “La Iglesia romana ha sido siempre la más tenaz en la lucha para impedir que oficialmente se formen dos religiones, aquella de los intelectuales y aquella de las almas simples”, una lucha que si bien, ha tenido también graves consecuencias, conectadas “al proceso histórico que transforma toda la sociedad civil y que en bloque contiene una crítica corrosiva de las religiones”, sin embargo, ha hecho resaltar “la capacitad organizadora en la esfera de la cultura del clero” que ha dado “ciertas satisfacciones a las exigencias de la ciencia y de la filosofía, pero con un ritmo tan lento y metódico que las mutaciones no son percibidas por la masa de los simples, aunque ellas parezcan revolucionarias y demagógicas a los integralistas”
Tampoco la cultura de sello idealista, en tiempos de Gramsci, dominante y ejercitada por las escuelas filosóficas crocianas y gentilianas, no ha “sabido crear una unidad ideológica entre el bajo y el alto, entre los simples y los intelectuales”, tanto que esta cultura, aunque considerando la religión una mitología, no ha ni siquiera “intentado construir una concepción que pudiese sustituir la religión en la educación infantil”, y estos pedagogos, aunque sin ser religiosos, ni confidenciales y ateos, “conceden la enseñanza de la religión porque la religión es la filosofía de la infancia de la humanidad, que se renueva en cada infancia no metafórica”. También la cultura laica “dominante” utiliza pues la religión, porque no se pone el problema de elevar a las clases populares al nivel de aquél dominante pero, al contrario, quiere mantenerla en una posición subalterna.

Conciencia de Clase

Opuesta a la de la Iglesia y del idealismo italiano está la posición del marxismo, que “no tiende a mantener los simples en su filosofía primitiva del sentido común, sino conducirlos a una concepción superior de la vida”. Esto afirma la exigencia del contacto entre aquellos hombres que cumplen la función social de intelectuales y aquellos que no, para “construir un bloque intelectual y moral que haga políticamente posible un progreso intelectual de masa y no solo de escasos grupos intelectuales”.
El hombre activo – o sea la clase obrera, - escribe Gramsci, “no tiene una clara conciencia teórica de su forma de obrar… su conciencia teórica hasta puede estar en contraste con su forma de obrar”; él obra prácticamente y en el mismo tiempo tiene una conciencia teórica heredada del pasado, acogida por lo más en un modo acrítico. La real comprensión crítica de sí mismo ocurre “a través de una lucha de hegemonías políticas, de direcciones contrastantes, primero en el campo de la ética, luego de la política para llegar a una elaboración superior de la propia concepción real”. La conciencia política, es decir el ser parte de una determinante fuerza hegemónica, “es la primera fase para una ulterior y progresiva autoconciencia donde teoría y práctica finalmente se unen.
Pero autoconciencia crítica significa creación de una elite de intelectuales, porque para distinguirse y hacerse independientes se necesita organización, y no existe tal sin intelectuales, “un estado de personas especializadas en la elaboración conceptual y filosófica”.

El Partido Político

Maquiavelo ya indicaba que en los modernos Estados unitarios europeos la experiencia que Italia habría de hacer propia para superar la dramática crisis emergida de las guerras que devastaron la península desde finales del siglo XV. El príncipe de Maquiavelo “no existía en la realidad histórica, no se presentaba al pueblo italiano con caracteres de inmediatez objetiva, pero era una pura abstracción doctrinaria, el símbolo del jefe, del condotiero ideal; pero los elementos pasionales, míticos… se reasumen y se convierten vivos en la conclusión, en la invocación de un príncipe realmente existente.
En los tiempos de Maquiavelo Italia no tuvo una monarquía absoluta que unificase la nación, porque, según Gramsci, en la disolución de la burguesía comunal se creó una situación interna económico-corporativa, políticamente “la peor de las formas de sociedad feudal, la forma menos progresiva y más estancada; faltó siempre, y no podía constituirse, una fuerza jacobina eficiente, la fuerza precisa que en las otras naciones ha suscitado y organizado la voluntad colectiva nacional-popular y ha fundado los estados modernos”.
A esta fuerza progresiva se opuso en Italia la “burguesía rural, herencia del parasitismo dejado en los tiempos modernos por la derrota, como clase, de la burguesía comunal”. Las fuerzas progresivas son los grupos sociales urbanos con un determinado nivel de cultura política, pero no será posible la formación de una voluntad colectiva nacional-popular, “si las grandes masas de campesinos trabajadores no irrumpen simultáneamente en la vida política. Eso entendía Maquiavelo a través de la reforma de la milicia, eso hicieron los jacobinos en la Revolución francesa; Comprendiendo esto se identifica un jacobinismo precoz en Maquiavelo.... “.
Modernamente, el Príncipe invocado por Maquiavelo no puede ser un individuo real, concreto, sino un organismo y “este organismo está ya dado por el desarrollo histórico y es el partido político: la primera célula en la cual se reasumen los gérmenes de voluntad colectiva que tienden a volverse universales y totales”; el partido es el organizador de una reforma intelectual y moral, que concretamente se manifiesta con un programa de reforma económica, volviéndose así “la base de un laicismo moderno y de una completa laicización de toda la vida y de todas las relaciones de costumbre”.
Para que un partido exista, y se vuelva históricamente necesario, deben confluir en él tres elementos fundamentales:
  • "Un elemento difuso, de hombres comunes, medios, cuya participación sea ofrecida por la disciplina y por la fidelidad, no por el espíritu creativo y altamente organizativo... ellos son una fuerza en cuanto hay quien los centraliza, organiza, disciplina, pero en ausencia de esta fuerza cohesiva se esparcirían y se anularían en un polvillo impotente...”.
  • “El elemento cohesivo principal... dotado de fuerza altamente cohesiva, centralizadora y disciplinadora y también, más bien tal vez por esto, inventiva... con sólo este elemento no formarían un partido, sin embargo lo formarían más que el primer elemento considerado. Se habla de capitanes sin ejército, pero en realidad es más fácil formar un ejército que a los capitanes.
  • “Un elemento medio, que articule el primer con el segundo elemento, que los meta en contacto, no sólo física, sino moral e intelectualmente...”.

Los Intelectuales

Para Gramsci, todos los hombres son intelectuales, considerando que “no hay actividad humana de la cual se pueda excluir de toda intervención intelectual, no se puede separar al homo faber del homo sapiens” en cuanto, independientemente de su profesión específica, cada quien es a su modo “un filósofo, un artista, un hombre de gusto, participa de una concepción del mundo, tiene una consciente línea moral” pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales.
Históricamente se forman categorías particulares de intelectuales, “especialmente en conexión con los grupos sociales más importantes y sufren elaboraciones más extensas y complejas en conexión con el grupo social dominante”. Un grupo social que tiende a la hegemonía lucha “por la asimilación y la conquista ideológica de los intelectuales tradicionales... tanto más rápida y eficaz cuanto más el grupo dado elabora simultáneamente los propios intelectuales orgánicos”.
El intelectual tradicional es el literato, el filósofo, el artista y por eso, nota Gramsci, “los periodistas, que retienen ser literatos, filósofos, artistas retienen también ser los verdaderos intelectuales”, mientras modernamente es la formación técnica la que sirve para formar la base del nuevo tipo de intelectuales, un “constructor, organizador, persuasor”, que debe llegar “de la técnica-trabajo a la técnica-ciencia y a la concepción humano-histórica, sin la cual permanece especialista y no se vuelve dirigente”. El grupo social emergente, que lucha por conquistar la hegemonía política, tiende a conquistar la propia ideología intelectual tradicional mientras, al mismo tiempo, forma sus propios intelectuales orgánicos.
La organicidad del intelectual se mide con la mayor o menor conexión que mantiene con el grupo social al cual se refiere: ellos operan, tanto en la sociedad civil – el conjunto de los organismos privados en los cuales se debaten y se difunden las ideologías necesarias para la adquisición del consenso que aparentemente surge espontáneamente de las grandes masas de la población a las decisiones del grupo social dominante – que en la sociedad política o estado, donde se ejercita el “dominio directo o de mando que se expresa en el Estado y en el gobierno jurídico”. Los intelectuales son algo así como “los apostadores del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político”.
Como el Estado, en la sociedad política, tiende a unificar a los intelectuales tradicionales, con aquellos orgánicos, así en la sociedad civil y el partido político, todavía más completa y orgánicamente que el Estado, elabora “los propios componentes, elementos de un grupo social nacido y desarrollado como económico, hasta convertirlos en intelectuales políticos calificados, dirigentes, organizadores de todas las actividades y las funciones inherentes al desarrollo orgánico de una sociedad integral, civil y política”.

Los intelectuales y la educación

Gramsci estudió extensamente el papel de los intelectuales en la sociedad. Afirmó por un lado que todos los hombres son intelectuales, en tanto que todos tenemos facultades intelectuales y racionales, pero al mismo tiempo consideraba que no todos los hombres juegan socialmente el papel de intelectuales. Según Gramsci, los intelectuales modernos no son simplemente escritores, sino directores y organizadores involucrados en la tarea práctica de construir la sociedad.
También distinguía entre la intelligentsia tradicional, que se ve a sí misma (erróneamente) como una clase aparte de la sociedad, y los grupos de pensadores que cada clase social produce 'orgánicamente' de sus propias filas. Dichos intelectuales 'orgánicos' no se limitan a describir la vida social de acuerdo a reglas científicas, sino más bien 'expresan', mediante el lenguaje de la cultura, las experiencias y el sentir que las masas no pueden articular por sí mismas. La necesidad de crear una cultura obrera se relaciona con el llamado de Gramsci por una educación capaz de desarrollar intelectuales obreros, que compartan la pasión de las masas. Su sistema educativo puede ser definido dentro del ámbito de la pedagogía crítica y la educación popular teorizado y practicado más contemporáneamente por el brasileño Paulo Freire.

Literatura Nacional Popular

Si los intelectuales pueden ser mediadores de cultura y de consenso hacia los grupos sociales, una clase políticamente emergente debe valerse de intelectuales orgánicos, para la valoración de sus valores culturales, hasta poder imponerlos a la sociedad entera.
Estando siempre ligados a las clases dominantes, obteniendo seguido honores y prestigio, los intelectuales italianos no se pueden sentir nunca orgánicos, siempre han rechazado, en nombre de su abstracto cosmopolitismo, cada vínculo con el pueblo, del cual no han querido nunca reconocer las exigencias ni interpretar las necesidades culturales.
Desde el siglo XIX en Europa se ha asistido a un florecimiento de la literatura popular, desde los romances de apéndice de Sue o de Pierre Alexis Ponson du Terrail, a Alejandro Dumas, a los cuentos policíacos ingleses y americanos, con mayor dignidad artística, a las obras de Chesterton y de Dickens, a aquellas de Víctor Hugo, de Zola y de Balzac, hasta las obras maestras de Dostoievski y de Tolstoi. Nada de esto ha ocurrido en Italia: aquí la literatura no se ha difundido y no ha sido popular, por la carencia de “un bloque nacional intelectual y moral” al grado que “el elemento intelectual indígena es más extranjero que los extranjeros de frente al pueblo-nación”.
El público italiano busca su literatura en el extranjero porque la siente más suya que aquella nacional: es ésta la demostración del desapego, que hay en Italia, entre público y escritores. “Cada pueblo tiene su literatura, pero ella puede llegar desde otro pueblo... puede estar subordinado a la hegemonía intelectual y moral de otros pueblos. Es esta la paradoja más estridente para muchas tendencias monopólicas de carácter nacionalista y represivo: que mientras se construyen planos grandiosos de hegemonía, no se dan cuenta de ser objeto de hegemonías extranjeras; así como, mientras se hacen planos imperialistas, en realidad se es objeto de otros imperialismos”.
Permanecieron famosas las notas de Gramsci sobre Manzoni: el escritor más competente, más estudiado en las escuelas y en teoría el más popular, es una demostración del carácter no nacional-popular de la literatura italiana. “El carácter aristocrático del catolicismo manzoniano aparece en la compasión chistosa hacia las figuras de hombres del pueblo (eso que no aparece en Tolstoi), como fra Galdino (en confrontación con frate Cristoforo), el sastre, Renzo, Agnese, Perpetua, la misma Lucía... los pueblerinos, para Manzoni, no tienen vida interior, no tienen personalidad moral profunda, ellos son animales y Manzoni el benévolo hacia ellos, justamente como la benevolencia de una sociedad católica de protección de animales.... nada del espíritu popular de Tolstoi, es decir, del espíritu evangélico del cristianismo primitivo.
La postura de Manzoni hacia sus pueblerinos es la postura de la Iglesia Católica hacia el pueblo: de condescendiente benevolencia, no de inmediatez humana... ve con ojo severo todo el pueblo, mientras ve con ojo severo la mayoría de aquellos que no son pueblo, él encuentra magnanimidad, otros pensamientos, grandes sentimientos, solo en algunos de la clase alta, en ninguno del pueblo... no hay pueblerino que no sea burlado y ridiculizado... Vida interior tienen solo los señores: fra Cristoforo, el Borromeo, el Innominado, el mismo Don Rodrigo... La importancia que tiene la frase de Lucía en la turbación de la conciencia del Innominado, y en el secundar la crisis moral, es de carácter no iluminante y fulgurante como la aportación del pueblo, fuente de vida moral y religiosa en Tolstoi, pero mecánico y de carácter silogístico... Su postura hacia el pueblo no es popular-nacional, sino aristocrática.
Una clase que mueva a la conquista de la hegemonía no puede no crear una nueva cultura, que es ella misma expresión de una nueva vida moral, un nuevo modo de ver y representar la realidad; naturalmente, no se crean artificialmente artistas que interpreten este nuevo mundo cultural, pero “un nuevo grupo social que entra en la vida histórica con postura hegemónica, con una seguridad de sí que antes no tenía, no puede no suscitar desde su seno personalidad que antes no hubiera encontrado una fuerza suficiente para expresarse plenamente...”. En tanto, en la creación de una nueva cultura, es parte la crítica de la cultura literaria presente, y Gramsci ve en la crítica desarrollada por Francesco De Sanctis un ejemplo privilegiado: “La crítica de De Sanctis es militante, no frígidamente estética, es la crítica de un periodo de luchas culturales, de contrastes entre concepciones de la vida antagonistas. La análisis del contenido, la crítica de la estructura de las obras, es decir, de la coherencia lógica e histórica actual de las masas de sentimientos representados artísticamente, están vinculados a esta lucha cultural: justamente en eso parece que consista la profunda humanidad y el humanismo, de De Sanctis... que tiene firmes convencimientos morales y políticos y no los esconde...”
Para Gramsci, una crítica literaria debe fusionar, como De Sanctis hizo, la crítica estética con la lucha por una cultura nueva, criticando la costumbre, los sentimientos y las ideologías expresadas en la historia de la literatura, individualizando las raíces en la sociedad en los cuales los escritores se encuentran para operar. No por casualidad, Gramsci proyecta en su cuadernos un ensayo que intitula “los sobrinitos de padre Bresciani”: Antonio Bresciani (1798-1862), jesuita, fundador de la revista “La Cultura Católica”, fue un escritor de novelas populares de impronta reaccionaria; uno de ellos, El hebreo de Verona, fue reprimido en un célebre ensayo de De Sanctis. Los sobrinitos del padre Bresciani son los intelectuales y los literatos contemporáneos portadores de una ideología reaccionaria.
Entre los “sobrinitos” Gramsci individualiza, además a muchos escritores ya olvidados, Antonio Beltramelli, Ugo Ojetti, Alfredo Panzini, Goffredo Bellonci, Massimo Bontempelli, Umberto Fracchia, Adelchi Baratono (“el agnosticismo del Baratono no es otra cosa que bellaquería moral y civil... Baratono teoriza solo la propia impotencia estética y filosófica y la propia conejería”), Riccardo Bacchelli ("en Bachelli hay mucho brescianismo, no solo socio-político, pero también literario: la Ronda fue una manifestación de jesuitismo artístico), Salvatore Gotta, Giuseppe Ungaretti; escribe que "la vieja generación de intelectuales ha fracasado (Papini, Prezzolini, Soffici, etc.) pero ha tenido una juventud. La generación actual no tiene, ni siquiera esta edad de las brillantes promesas Titta Rosa, Angioletti, Malaparte, etc.). Asnos brutos desde pequeños".

La crítica a Croce

Pariente del filósofo neo-hegeliano Bertrando Spaventa, alumno del hermano de éste, Silvio Benedetto Croce llega al idealismo, a través del marxismo de Antonio Labriola, al fin del siglo XIX, en el momento en el cual, en Europa, se afirma el revisionismo del marxismo por obra de la corriente socialdemócrata alemana guiada por Eduard Bernstein y desde aquí, al revisionismo socialista italiano de Bissolati y Turati.
Para Gramsci, Croce, que nunca ha sido socialista, otorga a la burguesía italiana los instrumentos culturales más refinados para delimitar los límites entre los intelectuales y la cultura italiana, por una parte, y el movimiento obrero y socialista por la otra.
Croce combate el marxismo tratando de negar la validez del elemento que él señala como decisivo: el referente a la economía; El Capital de Marx sería para él una obra de moral y no de ciencia, un intento de demostrar que la sociedad capitalista es inmoral, diferente de la comunista, en la cual se realizaría la moralidad plena humana y social. La carencia de cientificidad de la obra maestra de Marx estaría demostrada por el concepto de plusvalía: para Croce, solo desde un punto de vista moral se puede hablar deplusvalía, respecto al valor, legítimo concepto económico.
Esta crítica de Croce es, para Gramsci, un simple sofisma: la plusvalía es ese mismo valor, es la diferencia entre el valor de las mercancías producidas por el trabajador y el valor de la fuerza de trabajo del trabajador mismo. La teoría del valor de Marx se deriva directamente de la del economista inglés David Ricardo, cuya teoría del valor-trabajo«no levantó ningún escándalo cuando fue expresada, porque entonces no representaba ningún peligro, aparecía sólo, como era, una constatación puramente objetiva y científica. El valor polémico y de educación moral y política, sin perder nunca su objetividad, debía adquirirla sólo con la Economía Crítica [El Capital]»
Si la filosofía crociana se presenta como historicismo, es decir, para Croce la realidad es historia y todo lo que existe es necesariamente histórico, pero, conforme a la naturaleza idealista de su filosofía, la historia es la historia del espíritu y por lo tanto es historia de abstracciones, es historia de la libertad, de la cultura, del progreso, es una historia especulativa, no es la historia concreta de las naciones y de las clases.
«La historia especulativa puede ser considerada como un retroceso, en formas literarias hechas con más astucia y menos ingenuas, que el desarrollo de la capacidad crítica, con formas de historia en descrédito, como vacíos y retóricos y registrados en diversos libros del mismo Croce. La historia ético-política, en cuanto prescinde del concepto de bloque histórico [unión de estructura y supraestructura en sentido marxista], en cuyo contenido económico-social y forma ético-política se identifican concretamente en la reconstrucción de varios periodos históricos, no se trata de nada más que de una presentación polémica de razonamientos más o menos interesantes, pero no es historia.
En las ciencias naturales eso equivaldría a un retorno a las clasificaciones según el color de piel, de las plumas, del pelo de los animales, y no según la estructura anatómica [...] en la historia de los hombres [...] el color de la piel hace bloque con su estructura anatómica y con todas las funciones fisiológicas; no se puede pensar en un individuo desollado como el verdadero individuo, pero ni siquiera el individuo deshuesado y sin esqueleto [...] la historia de Croce representa figuras deshuesadas, sin esqueleto, de carnes flácidas, incluso abajo de los coloretes literarios del escritor».
La operación conservadora del Croce histórico hace pareja con aquella del Croce filósofo: si la dialéctica del idealista Hegel era una dialéctica de los contrarios – un desarrollo de la historia que procede por contradicciones – la dialéctica crociana es una dialéctica de los distintos: conmutar la contradicción en distinción significa operar una atenuación si no una anulación de los contrastes que en la historia, y en las sociedades se presentan. Para Gramsci, tal operación se manifiesta en las obras históricas de Croce: su Historia de Europa, iniciando desde 1815 y cortando el período de la Revolución francesa y el imperio napoleónico, «no es otra cosa que un fragmento de historia, el aspecto pasivo de la gran revolución que se inició en Francia en 1789, desembocó en el resto de Europa con las armadas republicanas y napoleónicas, dando un potente empujón a los viejos regímenes y determinando no el derrumbe inmediato como en Francia, pero la corrosión reformista que duró hasta 1870».
Del mismo modo, su Historia de Italia desde 1871 a 1915 «prescinde del momento de la lucha, del momento en el cual se elaboran, reúnen y disponen las fuerzas en contraste [...] en el cual un sistema ético-político se disuelve y otro se elabora [...] en el cual un sistema de relaciones sociales se desconecta y decae y otro sistema surge y se afirma, en cambio Croce asume plácidamente como historia el momento de la expansión cultural o ético-político».

Materialismo Histórico

Gramsci, desde los años universitarios, fue un decidido opositor de aquella concepción fatalista y positivista del marxismo, presente en el viejo partido socialista, para la cual el capitalismo necesariamente estaba destinado a caer, dando lugar a una sociedad socialista. Esta concepción enmascaraba la impotencia política del partido de la clase subalterna, incapaz de tomar la iniciativa para la conquista de la hegemonía.
Aunque el manual del bolchevique ruso Nikolai Bujarin, editado en 1921La teoría del materialismo histórico, manual popular de sociología, se coloca en el mismo filón. «La sociología fue un intento de crear un método de la ciencia histórico-política, en dependencia de un sistema filosófico ya elaborado, el positivismo evolucionista... se convirtió en la filosofía de nuestros filósofos, un intento de describir y clasificar esquemáticamente los hechos históricos, según criterios construidos sobre el modelo de las ciencias naturales. La Sociología es pues un intento de recavar experimentalmente las leyes de evolución de la sociedad humana en modo de prever el advenimiento con la misma certeza con el cual se prevé que de una bellota se desarrollará una encina. El evolucionismo vulgar está a la base de la sociología que no puede conocer el principio dialéctico con el pasaje de la cantidad a la calidad, pasaje que turba cada evolución y cada ley de uniformidad entendida en sentido vulgarmente evolucionista».
La comprensión de la realidad como desarrollo de la historia humana solo es posible utilizando la dialéctica marxista, excluida en el manual de Bujarin, porque ella recoge tanto el sentido de las vivencias humanas como su provisoriedad, su historicidad precisamente, determinada por la praxis, la acción política, que transforma las sociedades.
La dialéctica es pues instrumento de investigación histórica, que supera la visión naturalista y mecanicista de la realidad; es unión de teoría y praxis, de conocimiento y acción. La dialéctica es «doctrina del conocimiento y sustancia medular de la historiografía y de la ciencia de la política» y puede ser comprendida solo concibiendo el marxismo «como una filosofía integral y original que inicia una nueva fase en la historia y en el desarrollo mundial en cuanto supera (y superando incluye en sí los elementos vitales) sea el idealismo que el materialismo tradicionales expresión de viejas sociedades. Si la filosofía de la praxis [el marxismo] no está pensada como subordinada a otra filosofía, no se puede concebir la nueva dialéctica, en la cual precisamente aquella superación se efectúa y se expresa».
El viejo materialismo es metafísico, para el sentido común la realidad es objetiva, independiente del sujeto, existente independientemente del hombre, es un obvio axioma, confortado por la afirmación de la religión por la cual el mundo, creado por Dios, se encuentra ya dado ante nosotros. Pero Gramsci excluye los idealismos berkelianos y gentilianos, también rechaza «la concepción de la realidad objetiva del mundo externo en su forma más trivial y acrítica» desde el momento que «a esta puede ser opuesta la objeción del misticismo». Si nosotros conocemos la realidad en cuanto hombres, y siendo nosotros mismos un devenir histórico, también la conciencia y la realidad son un devenir.
¿Cómo podría de hecho existir una objetividad extrahistórica y extrahumana y quién juzgará tal objetividad? «La formulación de Engels que la unidad del mundo consiste en la materialidad demostrada por el largo y laborioso desarrollo de la filosofía de las ciencias naturales contiene precisamente el germen de la concepción justa, porque se recurre a la historia y al hombre para demostrar la realidad objetiva. Objetivo significa siempre humana objetivo, es decir, que puede corresponder exactamente a históricamente objetivo [...]. El hombre conoce objetivamente en cuanto el conocimiento es real para todo el género humano históricamente unificado en un sistema cultural unitario, pero esto proceso de unificación histórica ocurre con la desaparición de las contradicciones internas que despedazan la sociedad humana, contradicciones que son la condición de la formación de los grupos y del nacimiento de las ideologías [...]. Hay pues una lucha por la objetividad (para librarse de las ideologías parciales y falaces) y esta lucha es la misma lucha para la unificación cultural del género humano».

El estado y la sociedad civil

La teoría de la hegemonía de Gramsci está ligada a su concepción del estado capitalista, que según afirma, controla mediante la fuerza y el consentimiento. El estado no debe ser entendido en el sentido estrecho de gobierno. Gramsci más bien lo divide entre la 'sociedad política', que es la arena de las instituciones políticas y el control legal constitucional, y la 'sociedad civil', que se ve comúnmente como una esfera 'privada' o 'no estatal', y que incluye a la economía.
Sin embargo, Gramsci aclara que la división es meramente conceptual y que las dos pueden mezclarse en la práctica. Gramsci afirma que bajo el capitalismo moderno, la burguesía puede mantener su control económico permitiendo que la esfera política satisfaga ciertas demandas de los sindicatos y de los partidos políticos de masas de la sociedad civil. Así, la burguesía lleva a cabo una 'revolución pasiva', al ir más allá de sus intereses económicos y permitir que algunas formas de su hegemonía se vean alteradas. Gramsci ponía como ejemplos de esto a movimientos como el reformismo y el fascismo, así como a la 'administración científica' y los métodos de la línea de ensamblado de Frederick Taylor y Henry Ford.
Siguiendo la línea de Maquiavelo, argumenta que el 'Príncipe moderno' -el partido revolucionario- es la fuerza que permitirá que la clase obrera desarrolle intelectuales orgánicos y una hegemonía alternativa dentro de la sociedad civil. Para Gramsci, la naturaleza compleja de la sociedad civil moderna implica que la única táctica capaz de minar la hegemonía de la burguesía y llevar al socialismo es una 'guerra de posiciones' (análoga a la guerra de trincheras), la 'guerra en movimiento' (o ataque frontal) llevado a cabo por los bolcheviques fue una estrategia más apropiada a la sociedad civil 'primordial' existente en la Rusia Zarista.
A pesar de su afirmación de que la frontera entre las dos es borrosa, Gramsci alerta contra la adoración al estado que resulta de identificar a la sociedad política con la sociedad civil, como en el caso de los jacobinos y los fascistas. Él cree que la tarea histórica del proletariado es crear una 'sociedad regulada' y define al 'estado que tiende a desaparecer' como el pleno desarrollo de la capacidad de la sociedad civil para regularse a sí misma.

Historicismo

Gramsci, al igual que el joven Marx, era asiduo proponente del historicismo. Desde su perspectiva, todo significado se deriva de la relación entre la actividad práctica (o 'praxis') y de los procesos sociales e históricos 'objetivos' de los que formamos parte. Las ideas no pueden ser entendidas fuera del contexto histórico y social, aparte de su función y origen. Los conceptos con los cuales organizamos nuestro conocimiento del mundo no derivan primordialmente de nuestra relación a las cosas, sino de las relaciones sociales entre los usuarios de estos conceptos. El resultado es que no hay tal cosa como una 'naturaleza humana' que no cambia, sino una mera idea de ésta que cambia históricamente. Además, la filosofía y la ciencia no 'reflejan' una realidad independiente del hombre, sino que son 'verdad' en tanto que expresan el proceso de desarrollo real de una situación histórica determinada. La mayoría de los marxistas sostienen la opinión de sentido común de que la verdad es la verdad sin importar cuando y donde se les plantee, y que el conocimiento científico (que incluye al marxismo) se acumula históricamente como el progreso de la verdad en este sentido cotidiano, y por lo tanto no pertenecía al dominio ilusorio de la superestructura. Para Gramsci, sin embargo, el marxismo era 'verdadero' en el sentido pragmático social, en que, al articular la conciencia de clase del proletariado, expresa la 'verdad' de su época mejor que ninguna otra teoría. Esta posición anticientífica y antipositivista se debía a la influencia de Benedetto Croce, probablemente el intelectual italiano más ampliamente respetado de su época. Aunque Gramsci repudia esta posibilidad, su descripción histórica de la verdad ha sido criticada como una forma de relativismo.

Crítica del Economicismo

En un famoso artículo escrito antes de su encarcelamiento titulado 'La Revolución contra El Capital ', Gramsci afirma que la revolución bolchevique representaba una revolución contra el libro clásico de Karl Marx, considerado la guía básica de la socialdemocracia y el movimiento obrero antes de 1917. Iba en contra de varias premisas al efectuarse una revolución socialista en un país atrasado como Rusia que no reunía la condiciones económicas y sociales que se consideraban indispensables para el tránsito al socialismo. El principio de la primordialidad de las relaciones de producción, decía, era una malinterpretación del marxismo. Tanto los cambios económicos como los cambios culturales son expresiones de un 'proceso histórico básico', y es difícil decir qué esfera tiene más importancia. La creencia fatalista, común entre el movimiento obrero en sus primeros años, de que triunfaría inevitablemente debido a 'leyes históricas', era, para Gramsci, el producto de circunstancias de una clase oprimida restringida principalmente a la acción defensiva, y sería abandonada como un obstáculo una vez que la clase obrera pudiera tomar la iniciativa. La 'filosofía de la praxis' (un eufemismo de marxismo que usaba para eludir a los censores de la prisión) no puede confiar en 'leyes históricas' invisibles como los agentes del cambio social. La historia está definida por la praxis humana y por lo tanto incluye el albedrío humano. Sin embargo, el poder de la voluntad no puede lograr nada que quiera en una situación determinada: cuando la consciencia de la clase obrera alcance el nivel de desarrollo necesario para la revolución, las circunstancias históricas que se encuentren serán tales que no se puedan alterar arbitrariamente.
Como quiera, no se puede predeterminar por inevitabilidad histórica cuál de los muchos posibles desarrollos tomará lugar.

Crítica del Materialismo

Con su creencia de que la historia humana y la 'praxis' colectiva determinan si una cuestión filosófica es relevante o no, Gramsci se opone al materialismo metafísico y 'copia' la teoría de la percepción desarrollada por Engels y Lenin, aunque no lo afirma explícitamente.
No es que Gramsci discuta la existencia de una realidad "exterior", ni que reivindique la subjetividad del conocimiento, sino que lo que le interesa es la relación que establecemos históricamente con la realidad, y qué conceptos se han establecido para referirse a esa relación. Su preocupación es sobre la categoría de "objetividad" como un concepto histórico. El punto que enfatiza es en qué medida es "objetivo" el conocimiento de la realidad que hemos dado en llamar "objetivo". La historia natural es sólo relevante en relación a la historia humana. El materialismo filosófico, como el 'sentido común' primitivo, resultan de una falta de pensamiento crítico, y no se puede afirmar, como lo hacía Lenin, que se contrapone a la superstición religiosa. A pesar de esto, Gramsci se resigna a la existencia de esta forma 'cruda' de marxismo: es estatus del proletariado como clase dependiente implica que con frecuencia el marxismo, como su representación teórica, sólo pueda ser expresado en la forma de superstición popular y sentido común. Sin embargo, para poder desafiar de manera efectiva las ideologías de las clases educadas, y para esto los marxistas deben presentar su filosofía de forma más sofisticada, y tratar de entender genuinamente las opiniones de sus oponentes.
Gramsci da un paso adelante en el terreno epistemológico al afirmar que "el marxismo también es una superestructura", lo que quiere decir que no es exactamente la verdad, sino un punto de vista que, como todo punto de vista puede tener sus falacias. Al oponerse al realismo epistemológico defendido por los leninistas, y al positivismo, abre paso a un grado mayor de relativismo epistemológico, que no constituye para Gramsci una renuncia ética o política, sino la asunción cabal del carácter provisorio y construido del conocimiento humano.